miércoles, 7 de diciembre de 2011

SUSAN


Se apagaron todas las luces

y la noche fue viento y silencio.

Tu recorrías las calles

en busca de sórdidos clientes.

Sedientos y solos

locos y violentos.

A tus veinticuatro,

todas las puertas de salida

cerraron por dentro

y tu, quedaste en la calle

con hormigón por almohada.

Tu cara de porcelana

se transformó en cieno.

Poco a poco, te fuiste consumiendo.

Desde mi ventana,

me sentí cómplice del genocidio.

Otros, escondidos entre visillos

destilaban risas de hedor nauseabundo

Se apagaron todas tus luces

y la noche fue viento y silencio.

1 comentario:

amparito dijo...

todos somos complices
Pero algunas, y conozco alguna, lo eligen y también tienen derecho ha hacerlo y a cotizar a la SS etc
Pero no están en la calle claro, ni obligadas, ni secuestradas
Hay que poner un limite y regular a los trabajadores y trabajadoras del sexo
Saludos desde la fria pero todavía no nevada Jaca,
Pili Amparo